Entre sus hándicaps está su gran poder adictivo, su elevado coste y que puede generar trastorno del sueño, entre otros.
Aunque la verdadera desventaja que preocupa a padres y docentes, sobre todo en el caso de los más pequeños, es que los videojuegos pueden provocar rechazo a otro tipo de material didáctico como los libros o simplemente al contacto con el aire libre y a los juegos fuera de casa, y que a su vez cuentan con otra serie de ventajas que no tienen los videojuegos, como jugar con otros niños y desarrollar habilidades sociales.
De ahí que en los últimos años, el uso de videojuegos se haya visto sometido a críticas y detractores. Sin embargo, el tiempo y diversos estudios han demostrado que con moderación, como todo, jugar a videojuegos es bueno.
Por eso lo más recomendable es intercalar este tipo de juegos con otros al aire libre y sacar así el máximo partido de todos ellos. Así como, cuando se trata de los más pequeños, la supervisión por parte de padres.

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